jueves, 22 de agosto de 2013

"Los homosexuales son como niños que nacen sin un brazo" - Lucila Figueroa




A partir de una lectura exhaustiva del artículo periodístico que versa sobre las afirmaciones que postula el Cardenal Medina acerca de la condición de la homosexualidad, nos permitimos analizar fragmentos del mismo que muestran una serie de falacias y violaciones de ciertas máximas de la pragmática que invalidan la capacidad de establecer una verdad sobre el tema tratado.
El título de la noticia es una afirmación del susodicho: “Los homosexuales son como niños que nacen sin un brazo”. Esta oración muestra una construcción comparativa que, a su vez, genera una implicatura conversacional, una violación abierta. A pesar de que se violan las dos máximas de cualidad (no diga algo que crea que es falso ni de lo que no tenga pruebas suficientes) de manera explícita, el destinatario entiende que esta comparación es una especie de metáfora que nos lleva a inferir que, para Medina, la condición homosexual es una incapacidad notoria y anormal. Así también, el subtítulo, viola nuevamente la máxima de cualidad de Grice (no diga algo de lo que no tiene pruebas suficientes): “Digan lo que digan, ellos sienten que su situación no es normal”.
En su condición de practicante de una religión, el Cardenal, en su intento de justificar su afirmación, comete una falacia de apelación a la autoridad (Argumentum ad verecundiam). Castiga socialmente las prácticas homosexuales apoyándose en las escrituras de la Biblia: He tratado de ser acogedor y amable, pero sin disimular la verdad, como lo inculcan los documentos oficiales de la Iglesia en la materia (…) la realización de actos homosexuales, los que sí son inmorales y absolutamente reñidos con la ética cristiana, tal como lo enseña la Biblia sin ambages…”
Luego, sugiere una explicación biológica, pero, sin embargo vuelve a cometer dos falacias más: argumentum ad ignoratiam y una falacia de accidente inverso. Con respecto a la primera intenta sostener una verdad, basado en que no hay pruebas que demuestren que la homosexualidad es un fenómeno científicamente comprobado, respecto de la segunda, enfoca las características del ser humano solamente desde un único punto de vista, sin analizar las condiciones psicológicas o sociales y generaliza la idea concluyendo que las actividades humanas sólo apuntan a acciones biológicas: "El fenómeno de la homosexualidad es complejo y sus causas no han sido aún científicamente identificadas. Me parece que salta a la vista que es un desorden, porque los órganos genitales están orientados a la procreación y usar ellos en forma homosexual es algo aberrante y contrario a la naturaleza".
Podría sugerirse aquí también, una falacia de causa falsa; el presbítero adjudica como causa de la homosexualidad un desorden de la naturaleza. Se basa en el hecho empírico de que el ser humano atrae a otro del sexo opuesto para procrear y que la preferencia homosexual contradiga esta causa natural es en efecto contranatural.
Es importante prestar atención en el texto a los predicativos que le atribuye a las personas homosexuales: la tendencia homosexual es una desgracia, una limitación, un desorden, una aberración, es gente que sufre mucho.
A la pregunta de la posibilidad de que se enamoren dos hombres, la autoridad eclesiástica responde que es imposible. Nuevamente, comete una violación a la máxima de cualidad de Grice (no diga algo de lo que no tenga pruebas suficientes).
Contra las severas afirmaciones del Cardenal responde Juan Carlos Cruz, una víctima de las agresiones contra los gays, adjetivándolo como intolerante y cruel y agrega: "Las declaraciones de Medina lo único que hacen es demostrar esa mentalidad retrógrada y ofensiva, que no colabora a lo que los católicos esperamos de nuestra Iglesia". Sin embargo, esta última cita también ilumina una falacia de tipo accidental, ya que más allá del cargo que ocupa y de que forma parte de una congregación, de ninguna manera podemos inferir que la totalidad de la Iglesia piensa de la misma manera que el Cardenal Medina. Aquí se parte de un caso particular y se lo eleva a una conclusión general, pero sin pruebas de que realmente todos compartan el mismo punto de vista. La máxima de cualidad de Grice se encuentra presente una vez más. Cruz pretende apoyarse en la omisión de comentarios por parte de la Iglesia, se expresa a través de una implicatura que encubre la falacia accidental: "lamentablemente la Iglesia Católica no habla, no dice nada de los dichos de ese señor, quizás porque piensa lo mismo".
Juan Carlos Cruz responde a la afirmación de Medina de que es imposible que se dé el amor entre dos hombres: "que le pregunte mejor a sus amigos sacerdotes si eso les ha pasado alguna vez". Aquí, el mismo interlocutor deja en evidencia la falacia cometida por el Cardenal, que generaliza su enunciado a partir de que él nunca ha experimentado la atracción por alguien de su mismo sexo (falacia de accidente) ignorando si realmente le ha sucedido a algún otro sacerdote.
La página web que publica el artículo ofrece la posibilidad de que los lectores escriban para opinar sobre el tema, encontramos el comentario de ‘Chema’ (Nick, apodo):

También, digan lo que digan ellos hay, cardenales que mueren sin cerebro, y no sólo por el Alzheimer que les acompaña a la tumba (la duda está en si nacieron con él)

Sin duda, su intento de respuesta viola las máximas de relación y cualidad ya que se evidencia que más allá de no tener pruebas y decir algo que puede ser falso, Chema está respondiendo con un enunciado que carece completamente de relevancia porque no contribuye a crear un argumento que defienda los derechos de los homosexuales sobre las agresiones del Cardenal Medina sino que pretende desprestigiar la salud mental de los sacerdotes implicando que dicen ciertas cosas porque no están en su sano juicio.
El siguiente comentario pertenece a ‘Jorge Ramírez’:

¿Pero cómo ponerle cuidado a un tipo, que como otros muchos de su profesión, suele disfrazarse de drag queens y hasta usar zapatos rojos como el de El Vaticano?

Aquí hay un disparo peyorativo que desemboca en una falacia de conclusión inatinente (Ignoratio elenchi). Intenta decirnos que no debemos prestar atención a las afirmaciones del Cardenal Medina pero en vez de establecer una conclusión que se atenga a los hechos, concluye que su razonamiento es inválido por el tipo de vestimenta que utilizan los sacerdotes. Esto también se eleva a una violación de la máxima de relación de Grice (diga cosas relevantes).
El tercer y último comentario a analizar es el de ‘Youssef’:

Yo vivi en Roma por cuatro años y estudié en la Gregoriana. Confieso, en frente de Dios, que conosco mucho obispos y algunos cardenales que no tienen un brazo. Y, dicen las malas lenguas que mismo Ratzinger, nació sin un brazo. Basta ver la manera como camina y como habla. Pero… qué vamos hacer!

Youssef juega con la comparación establecida por el presbítero y la convierte en una implicatura. Lo que en realidad quiere decir es que varios sacerdotes también eran homosexuales, es una violación encubierta. Pero al final de su comentario cae en una falacia de argumento dirigido al hombre (argumentum ad hominem), en realidad, la forma de desplazarse y de dirigirse del Papa carece de importancia lógica para aseverar una afirmación como la escrita. Además, entonces, viola la máxima de Grice de cualidad (No diga algo que crea que sea falso ni de lo que no tenga pruebas necesarias).
Podemos concluir entonces, que en ciertos temas crípticos es importante saber argumentar sin caer en este tipo de trucos falaces que no nos conducen a la verdad sino que nos alejamos de ellas al inferir conclusiones con argumentos que están basados en prejuicios o que se valen de escrituras religiosas.



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